Cuando la corrupción parece invencible
- Claudio Auteri Ternullo

- 15 mar
- 1 Min. de lectura

Habacuc 1:2–4
2 ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?
3 ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan.
4 Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.
La corrupción hace que muchos pierdan la esperanza: “Siempre ganan los mismos”, “Nada cambia”. Habacuc vio violencia, injusticia y leyes torcidas, y se atrevió a preguntar a Dios por qué toleraba tanto mal. La Biblia no maquilla la realidad; la expone para llevarnos a una fe más profunda.
La corrupción no solo está “allá arriba”; comienza en el corazón humano. Reconocer eso nos libra de la hipocresía y nos coloca en la posición correcta: no solo denunciar, sino también permitir que Dios purifique nuestras propias motivaciones.
Consejo: Antes de señalar el mal externo, pide a Dios que examine tu corazón. La lucha contra la corrupción empieza en la honestidad personal.
Oración: Señor, no me dejes acostumbrarme al mal. Líbrame de la indiferencia y comienza limpiando mi propio corazón.



Cuando leía el artículo de Claudio mentalmente ajustaba el texto a "... Por qué Enrique hace tal o cuál cosa". Dado que la Biblia es una comunicación íntima Dios - hombre, es así como debo verla, tanto para lo bueno como para lo malo que hago.