Cuando la ansiedad oscurece el propósito
- Claudio Auteri Ternullo

- 10 feb
- 1 Min. de lectura

Filipenses 4:6-7 (RVR1960)
6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
En un tiempo donde lo inmediato manda, la ansiedad se vuelve un hábito cotidiano. Oramos, pero seguimos calculando, previniendo, temiendo. Pablo nos recuerda que la paz de Dios no viene del control, sino del desprendimiento: “Sean conocidas sus peticiones delante de Dios”.
La ansiedad nace cuando el futuro se vuelve nuestro dios y el presente nos parece insuficiente. El antídoto, entonces, no es negar la preocupación, sino redirigirla: entregarla. Cuando lo hacemos, una paz “que sobrepasa todo entendimiento” reemplaza la urgencia por confianza.
La fe no promete que todo saldrá como esperamos, sino que nada escapará de Su cuidado. Hoy, suelta el plan que no logras dominar. Tal vez Dios no cambie la circunstancia de inmediato, pero sí puede calmar la tormenta dentro de ti.
Oración: Señor, enséñame a descansar en Tu soberanía más que en mis estrategias.
Para que lo disfrutes en canción!
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