El día que Dios se quedó en silencio
- Claudio Auteri Ternullo

- 22 ene
- 1 Min. de lectura

Hay días en que el alma clama y el cielo parece cerrado. Leemos, oramos, servimos, y nada se mueve. Esos momentos no significan abandono, sino aprendizaje. El silencio de Dios no es castigo, es una forma avanzada de comunicación.
Job lo entendió. Perdió todo, y aun así, Dios no le dio explicaciones inmediatas. Pero el silencio de Dios se convirtió en el escenario donde Job descubrió no solo la mano, sino el rostro de Dios.
El silencio prueba la madurez de nuestra fe. Cuando todo va bien, creemos con facilidad; pero cuando Dios calla, revela si creemos en Él por lo que hace o por quién es.
Recuerda: mientras el maestro enseña, hay diálogo. Pero durante el examen, el maestro guarda silencio. Es en ese tipo de silencio donde se demuestra lo que realmente hemos aprendido.
Dios puede estar en silencio, pero nunca ausente. Su aparente quietud es la antesala de una intervención mayor. El cielo no siempre responde con palabras; a veces responde con resultados.
Bendiciones...



Ùn detalle importante es que si no superamos el examen Dios nos lo va a volver a presentar . El es un maestro amoroso pero exigente
Amén por eso es que hay que estar bien conectados con el señor para que cuando allá silencio no pensar que está ausente si no que está allí