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Leer, comprender... y retener!



"No te regocijes demasiado por haber leído mucho, si no has entendido mucho.

Ni de haber entendido mucho, si no has podido retener mucho.

Porque de no ser así, de poco te vale leer o entender".

Hugo de San Víctor


Leer es un ejercicio recomendable y provechoso, siempre y cuando al hacerlo se tengan en cuenta ciertas necesarias consideraciones.


En primer lugar, no hacerlo de manera indiscriminada, es decir sin tener un criterio claro y definido para seleccionar nuestras lecturas y un propósito específico que las guíe. En este aspecto y de un modo u otro, el fomento del temor de Dios en nuestras vidas debería ser el criterio de selección y la obediencia a sus mandamientos el propósito final de nuestras lecturas (Ecl 12:12-13).


En segundo lugar y aunque se caiga de su peso, de nada sirve leer mucho si no se llega a comprender lo leído de manera medianamente satisfactoria (2 Cor 3:14). El apóstol Pablo asociaba la lectura de sus epístolas por parte de sus destinatarios al entendimiento que esperaba obtuvieran de ellas, para que cumplieran así su cometido. Por eso, al escribirlas, se esmeraba en hacerlo de forma clara y comprensible, aun en el caso de tener que tratar asuntos difíciles y de gran profundidad teológica (2 Cor 1:13; 2 P 3:15-16). Pero es en la retención de lo leído y debidamente comprendido en donde la Biblia más se detiene. De nada sirve comprender si no se retiene lo comprendido, no sólo, como es apenas obvio, para lograr citarlo, transmitirlo y explicarlo a los demás con una mínima claridad, fidelidad y precisión; sino en especial para conectarlo con nuestra vida práctica cotidiana de la manera más natural y fluida (Stg 1:23-25).


Los creyentes que alcanzan este punto son los que califican como verdaderamente sabios. El cristiano debe procurar, entonces, formar parte de este grupo selecto y no estancarse ni acomodarse en algún punto de este proceso, ya sea en el de los que no leen, o en el de los que leen mucho sin comprender realmente, o en el de los que comprenden pero no retienen. Los pasos de este proceso hacen las veces de un embudo que se va estrechando, pero que premia con creces el esfuerzo de los que logran sortearlo por completo.


Finalmente, la comprensión y retención de un texto suele involucrar no sólo su lectura atenta, sino también su repetida lectura, como lo establece el Señor:


"Esta copia la tendrá siempre a su alcance y la leerá todos los días de su vida.

Así aprenderá a temer al Señor su Dios, cumplirá fielmente

todas las palabras de esta ley y sus preceptos".

Deuteronomio 17:19 NVI





Fragmento de Creer y Razonar por Arturo Iván Rojas

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